Sobre China y otras lindezas

¿Zatou, de dónde vienes, adónde vas?

Por | China, Literatura

Pasando unos días en Kunming, recibí un correo de Sun Long en el que me decía que había descubierto lo que significaba aquel grafiti 杂投 (Zatou), que habíamos visto juntos en Pekín, y que constaba tan sólo de dos caracteres. Sun Long añadía que después se encontró con el mismo grafiti en varios sitios y que por lo visto era simplemente el nombre, Zatou o Zato, de un crew grafitero de los años 70, de los primeros que operaron en China, y que constaba de cuatro miembros, que al parecer todavía estaban vivos. De todos modos lo que más le había llamado la atención –comentaba Sun Long– es que una vez alguien le había preguntado a Zatou:

-¿Zatou, de dónde vienes, adónde vas?

-No tengo pasado, no tengo futuro – habría contestado Zatou, haciendo clara referencia a que sus grafitis habían sido borrados en el pasado y continuarían siendo borrados en el futuro, por orden de unas autoridades sumamente preocupadas por el aseo mental de sus ciudadanos.

Paseando por Kunming, me encontré dos veces con el mismo grafiti. Uno de ellos es el que aparece en la imagen. Es muy reconfortante ver algo que uno ya ha visto. Casi tan reconfortante –diría– como verlo por primera vez. ¡Algo tendrá el pasado!

También reconforta saber que a uno le quedan cosas por ver. ¡Algo tendrá el futuro! Se dice, sin embargo, que el peligro del ojo está en ver con demasiada claridad, y que el peligro del oído está en oír con demasiada agudeza… En definitiva, que toda facultad corre un peligro que esconde en su interior. Ese peligro tiene toda la pinta de ocurrir siempre en presente. ¿Zatou, nos explicas algo más la próxima vez? Sun Long me dice que para qué pedir tantas explicaciones…(1)

 


(1). Los peligros del ojo y del oído, y que toda facultad corre un peligro que esconde en su interior están tomados del libro Zhuangzi, traducción de Iñaki Preciado Idoeta, editorial Kairós, 2007, Libro XXIV, pág.257. El graffiti de Zatou que me llevó a ver Sun Long en Pekín estaba en la calle Jīngmìlù (京密路).

Palíndromo

Por | Narrativa breve
Se dice que el arte es un acto de resistencia, o un acto de liberación, o un producto del complejo humano frente a dios, y tantas otras cosas que se dicen. Para mi, el arte, la creación, es un correr de nuevo sobre un sentir, al modo como hacen los palíndromos que vuelven sobre lo escrito, y nos sorprenden. El arte sorprende, nos da una nueva perspectiva, invierte el sentir – palin (πάλιν) “de nuevo” y dromos (δρóμος) “carrera” .

Te diré tu plato favorito

Por | China

La vida no es esa cosa que queremos que sea. Por eso se nos va tan a menudo de las manos, y por eso la historia de cada vida se reduce a una tensión entre las ganas de hacer lo que uno quiere y una combinación de circunstancias decididas a apartarnos de, digamos, nuestro sueño. No hace falta recalcar que esta tensión produce mucha frustración. Puesta así, la vida tiende a ser más un proceso de descomposición –como escribió Fitzgerald– que otra cosa. Como en un gran combate, lo que cobra realmente importancia, entonces, es cómo puede uno mantenerse en pie, mientras encaja los pequeños y grandes golpes. En ese cómo, hay ahí una especie de progreso en la educación, ya se trate del progreso de un candidato para el título de los pesos pesados, o del progreso de uno mismo en las cosas de la vida, que siempre me ha interesado (Será por eso que me gusta tanto el proverbio chino 活到老, 学到老 huó dào lǎo, xué dào lǎo, literalmente, vivir hasta viejo, aprender hasta viejo.)

Hace mucho tiempo, de alguna manera ya consciente de los golpes que me vendrían, pensé en un pequeño artilugio –las cosas pequeñas a veces son fundamentales– para combatir la frustración, el mal humor, o algún estado de debilidad, en el que cayera, debido a uno de esos golpes de la vida. El artilugio es apenas una lista de 10 platos, o cosas deliciosas, entre las que poder elegir, para que me devolvieran las ganas de vivir, o esa energía que a veces huye de nosotros, tras encajar un golpe. No he completado todavía la lista. Además, una mujer me dijo una vez “Yo te daré tu plato favorito”. No dijo mucho más, porque parece ser que en un período de su vida adquirió el hábito de no hacerlo, de reservarse, y convirtió dicho hábito en una especie de norma de educación, como cuando uno deja una minucia en el plato, para mostrar al anfitrión que la comida ha sido abundante. ¡Oh les femmes!

 

 

Más abajo tienes la lista, que no tiene ningún orden de prioridad, pues cada cosa tiene su momento:

Dazhaxie (大闸蟹), es un cangrejo de río de Shanghai, que sólo se puede comer de final de septiembre a noviembre.
Chayedan (茶葉蛋) o huevos cocidos con hojas de té negro, especias, y salsa de soja.
Toro (とろen hiragana, o bien トロ en katana), la parte más sebosa y deliciosa del atún.
Caviar, que no creo que necesite ninguna explicación.
– La morcilla de León, picante, para untar en el pan.
– Los Escamoles mejicanos, esas increíbles larvas.
– El Jamón ibérico, como el caviar, sin explicación.
– El jugo de Açaí

Como habrás visto, la lista no está completa, y no tiene por qué contener tan solo diez cosas. Nos gusta hacer listas de diez cosas simplemente por nuestro hábito de redondear, que esuna suerte de cinturón de seguridad contra nuestra propia soledad, o frustración. Por cierto, otra femme, francesa por supuesto, dice que no olvide Le Champagne!!!

 

 

Nos echará una mano el cerdo? Feliz Año Nuevo Chino

Por | China, Otros géneros

Como saben, el Zodiaco chino, también conocido como Sheng Xiao (生肖), se basa en un ciclo de 12 años. Cada año de ese ciclo está relacionado con el signo de un animal. Los signos son la rata, el buey, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la oveja, el mono, el gallo, el perro, y finalmente el cerdo. Todo se calcula según el calendario lunar chino. Puesto que el próximo año es el año del cerdo, cada uno de nosotros debemos de averiguar cuál es la relación de nuestro propio signo animal chino, la serpiente en mi caso, con el cerdo, para podernos hacer una idea de cómo será nuestra vida este año. Parece que el efecto beneficioso del cerdo se traducirá en más salario para mi, y en algo más de suerte en cualquier nueva iniciativa que yo emprenda. ¿De verdad tendré una racha de suerte? Demos una ojeada con más detalle.

Supongo que llevar una vida puede ser muy asimilable a escribir una novela. En teoría, uno tiene un montón de páginas en blanco, o un montón de vida. Los que consiguen escribir esas novelas, o tener eso que se llama éxito en la vida, siempre hablan de que es muy fácil y de que es sólo cuestión de ponerse a ello. También dan la impresión de que siempre apuntan a un Norte, y de que todo lo que hacen tiene, o ha tenido, un objetivo, una razón !Qué carajo! Les echará el cerdo, o cualquiera de los otros animales del zodiaco chino, una mano?

Bueno, pues debo decir que tengo un sentido de la desorientación extraordinario, y que siempre que me dirijo a algún sitio, ya sea andando, en moto o en avión, creo estar yendo hacia el Norte, aunque esté yendo hacia el Sur. Por más que he intentado entenderlo, no lo he entendido, y hasta donde he llegado es a sospechar que habiendo nacido en Bruselas, pero de madre canaria y de padre ecuatoriano, el origen familiar Sur, o lo que podría llamarse “factor Sur”, me habría desnortado de tal manera que no me deja enterarme de nada, ni siquiera de dónde está el centro. Así están las cosas, sin entrar en si tengo preferencias nórdicas, debido a complejos sureños, o es debido a una cuestión de desarrollo y demás… ¡Dudo de que el cerdo me pueda orientar!!!

Si cada lugar es su centro, cada vida no lo es menos. Con lugares y vidas sucede, no obstante, como con los mapas. Su centralidad es relativa. Depende del país en el que se compren. Si estás en China, el mapa desarrolla su centro a partir de ahí, y si estás en Mali, tres cuartos de lo mismo. Se puede decir que tenemos la perspectiva de un mosquito. ¿Pues qué son nuestras vidas y lugares en el espacio? Cuando hablamos de vida entonces, no ya de una auto-vida, de qué estamos hablando?

Ahondemos un poco más. Imagino un gran Google-Bio acercando su lente a las diferentes vidas. Vistas unas detrás de otras, como cuando lo hacemos sobre los países con Google Earth, todas las vidas se parecen y las diferencias son una simple cuestión de detalles, y los detalles, aún siendo centrales para quien los contempla, son tan ligeros, tan poca cosa, amplían tan poco la perspectiva del mosquito, que uno casi sin querer se topa con el límite, con esa insoportable levedad del ser. Lo digo así, porque este vivre à l´essai, este vivir de prueba que nos ocupa, parece tan irreal que podríamos vivir una cosa, y también su contraria, sin mayor menoscabo de nuestra existencia. “Di, no hacemos nada bien?”, dice Goethe en algún momento. Mucho me temo que no, que no hacemos nada bien, y peor aún, que además tenemos muy poco margen de maniobra. ¡Qué mala suerte tenemos, mi querido cerdo!

ALGUNOS DETALLES

Parecerá una tontería, pero el día que me dieron mi nombre chino fue un gran día. No por ese día, en el que realmente no me daría cuenta del hecho, sino por todo lo que significó después. Cuando las cosas no tenían nombre, indudablemente existían, aunque creo que de una manera diferente. Diría que poseían una existencia disminuida. Del mismo modo, cuando me llamaron Tang Menglong (唐梦), me dio la impresión de que volvía a adquirir plena existencia, pues de alguna manera se me reconocía con ese bautizo otra manera de estar en el mundo, y que quizás reflejara cómo había ido cambiando a lo largo de los años, o ni siquiera eso, sino que servía para confirmar cómo había sido siempre. Es aquí donde me entran las dudas, y donde volviendo a nuestras ovejas, nunca sé que parte decidimos. Probablemente ninguna.

En China, por la tremenda singularidad de su escritura y debido a que la lengua está plagada de palabras homófonas, es súmamente importante qué caracteres se escogen para nombrar. Sirva a modo de ejemplo que (meng: soñar) podría haberse escrito (meng), que es el primer mes de una temporada, también “hermano mayor”, pero sobre todo el primer caracter del nombre del prestigioso filósofo 孟子 (Mengzi, o Mencio para nosotros). El hecho de que mi profesora escogiera el carácter que se refiere al mundo de los sueños le otorga a mi nombre un sesgo soñador e idealista que de otra manera no tendría. Por otra parte, el carácter (Tang), que sería mi nuevo apellido, se refiere a la Dinastía Tang (618-907 d.c.), que está considerada la más esplendorosa de las dinastías chinas; y el tercer caracter (long) significa “dragón”, uno delos símbolos de China. Todo esto, unido a que esos tres caracteres tienen en la fonética china una sonoridad muy apreciada, hace que cuando digo mi nombre siempre reciba algún cumplido por ser el dragón que suena con la dinastía Tang.

will the pig give us a hand

Sin embargo, como todo no puede ser redondo,últimamente se ha hecho muy popular en China un helado que se llama Menglong (), así que muchas veces me dicen “!ah, como el helado!”, en vez de como el escritor de la dinastía Ming, Feng Menglong ( ,1574-1645)! En fin, qué se leva a hacer! En la foto se puede apreciar de qué estoy hablando!!!

Además, amigos españoles, al oír mi nombre chino Menglong, fácilmente lo relacionan con melón, y eso es al final lo que queda, que soy un poco melón, que por otra parte, seguramente no está muy lejos de la realidad. Estoy seguro de que nunca decidí llegar hasta este estado. C´est la vie. ¿Querido cerdo, seguro que todavía me puedes echar una mano?

 

 

John Ruskin

John Ruskin (El Napoleón de Brantwood)

Por | China, Otros géneros

En Octubre 2018 estuve en las oficinas de Financial Times con Andrew Hill, Editor de Management de FT. Me habló entonces con mucho entusiasmo de la publicación a principios de 2019 de su libro Ruskinland: How John Ruskin shapes our world . Tengo que decir que su entusiasmo despertó en mi mucho interés por la figura de John Ruskin. El resultado fue que al día siguiente me compré una copia de Unto this Last. Aquí unas ideas, mientras espero mi copia de Ruskiland…

Dos motivos han desencadenado la reedición de Unto this last del crítico, sociólogo, y artista británico, John Ruskin. El primero, es el indudable valor de sus ideas, especialmente a la luz de la crisis financiera de 2008, pues no dejaba de insistir en lo que denominaba “Provide for the nation”, una suerte de pensar en la patria; o en la importancia de la colaboración en los negocios modernos, sin mencionar el ineludible “be honest”, la honradez como fundamento de toda actividad económica. El segundo motivo, es más oportunista, pero también cuenta. El 8 de febrero será el bicentenario del nacimiento de Ruskin. Por lo que habrá un poco de movimiento en torno a su figura. !No está mal saber las cosas que están pasando ahí fuera y estar conectado!

No se pierdan la introducción de Andrew Hill. También es bueno saber, que este libro cambió la vida de Gandhi por completo, cuando lo leyó viviendo en Sudáfrica, antes de iniciar su movimiento de independencia en la India.

Unto This Last fue traducido al chino en 2011 como给这最后来的 por Foreign Language Teaching and Research Press.

portadas John-Ruskin

Ai Shen

Ai Shen (艾神)

Por | China, Narrativa breve

Nueva York, Brooklyn, 29 de octubre de 2015.

Bruno y Arun coinciden en Nueva York. Como siempre tienen conversaciones pendientes y desacuerdos interminables. En la calle Metropolitan, casi llegando a Kent en el barrio de Williamsburg, se detienen.

–Esto es una mierda –dice Bruno señalando el graffiti. Ruido. Imágenes. Cualquier reina de la moda resuena inmediatamente en el mundo más que otra cosa.

–No exageres.

–Te digo que un tipo como Ai Weiwei (艾未未) es como las moscas esas que quieren salir de la habitación y se pegan una y otra vez contra la ventana. Lo ven todo claro, quieren pasar al otro lado y bumba, de nuevo se vuelven a dar un batacazo. Es así. Son las ganas de intervenir en el mundo. Pero a China no la cambia ni la madre que la parió.

–Déjate de cambiar nada –replica Arun. El arte es arte y el mundo es mundo. Me parece bien que estén separados por un cristal. No tiene por qué intervenir el uno en el otro.

–¡Vete a la mierda tío¡ ¿Qué quieres que el arte haga bonito al mundo y ya está? ¿Que no tenga otra trascendencia?

–Bruno, no porque alguien quiera, el arte va a tener más trascendencia.

–¡De verdad Arun, me desesperas¡ Lo que yo te digo es que cualquier reina de la moda, futbolista, o lo que sea, está continuamente emitiendo mensajes, imágenes, ruido… Estos desgraciados le han robado la merienda a los artistas. Ai Weiwei (艾未未) no tiene más remedio que montar esos circos que monta, elevar su yo a la potencia de arte, ser él mismo una obra de arte, una marca, que produzca más imágenes, más noticias, que esa reina de la moda…

Y Arun interrumpe a Bruno,  porque sabe que la conversación no tiene fin y porque por mucho que diga Bruno para él el arte no tiene que cambiar nada, es sólo un pasatiempo más al otro lado de la ventana. Bruno se lleva las manos a la cabeza y no dice nada más que a Ai Weiwei (艾未未) lo llaman también Ai Shen () , o sea el Divino Ai o el Dios Ai, como quieras.

P.S.:

El autor del grafiti se ha tomado la molestia de pintar a Ai Weiwei (艾未未) a la manera del Rey Mono del Viaje al Oeste. Por eso tiene esa cara y esas barbas y lleva esa especie de banda o diadema encantada que el monje Xuanzang estrechaba mediante un canto mágico, cuando el mono se ponía demasiado revoltoso, produciéndole unos dolores de cabeza insoportables. La línea roja simbolizaría la sangre producida por un exceso de estrangulamiento de la banda, o un aviso para que Ai Weiwei (艾未未) no se pase de la raya en sus críticas. Este graffiti está en Williamsburg, Brooklyn, donde Ai Weiwei vivió en los años ochenta, cuando estudiaba en la escuela Parsons.

Por otra parte, más sobre Arun y Bruno en ¡Ojo¡, Operación diversión, El sexo es divertido, y Reímos menos.

Visiones de China

Por | China

Un conocido cuento chino refiere que un día algunos ciegos discutían sobre cómo era un elefante. Como nadie convencía a nadie, pidieron que les trajeran uno para palparlo. El primer ciego, que tocó una pata del animal, dijo: El elefante es como una columna.

El que tocó el tronco afirmó: Es como una pared.

El tercero, que encontró la cola, dijo que era como una serpiente.

Y reanudaron su discusión. Finalmente el que les trajo el animal les hizo una descripción de manera perfecta para que los tres quedaran ilustrados de la forma que tenía un elefante.

Muchas de las cosas que pensamos, y nos atrevemos a expresar, vienen determinadas por nuestras propias carencias, prejuicios, y visiones parciales.
Nuestra reacción ante China está condicionada en parte por la situación objetiva allí existente, y en parte por los intereses conscientes y subconscientes de nuestra propia educación”, escribió Raymond Dawson en El dragón es un camaleón.

Hace un tiempo Eduardo Punset respondía que el cerebro humano es una cosa que para lo más que sirve es para no pegarnos contra la mesa del pasillo. Lo que subraya su comentario es la soberbia con la que valoramos los productos de nuestro intelecto, eso que llamamos ideas y opiniones. Pues como comentaba Punset, la fuente de toda la avalancha de estímulos, que bombardea nuestro cerebro, no es otra que nuestros mermados sentidos. Vemos poco, oímos menos, y el olfato es casi un recuerdo, si no se trata de olores provenientes de nuestro espacio más cercano. En cuanto al tacto y al gusto mejor no hacer comentarios. La pregunta que cabe hacer es, cómo hace el cerebro para ordenar ese avalancha de estímulos, en algo más o menos creíble, y que podamos denominar “racional”, el más pomposo de nuestros términos. Parecería mejor no ser pretenciosos, y concluir que con que la cabeza nos sirva para evitar la mesa del pasillo, que no es poco, ya ha cumplido su función.

Todas las noticias sobre China, tanto en la prensa nacional, como internacional, hablan del gran poder amarillo, del nacimiento de una nueva potencia mundial, del retorno de un gran imperio etc. Es cierto que muchas de estas noticias también apuntan a los grandes desafíos políticos y sociales, que China tendrá que afrontar en los próximos decenios, aunque en general lo que se transmite es la emergencia de un nuevo poder mundial, el nacimiento de un gran dragón, que engullirá a fuego todo lo que se le ponga por delante.

Un somero repaso histórico permitirá ver que la opinión occidental sobre este gran dragón no ha sido siempre la misma, sino que ha variado según las necesidades y visiones de cada época, y arrojará algunas dudas sobre nuestras propias ideas. El miedo a las hordas mongolas hizo que el Papa Inocencio IV encargara en 1245 a Giovanni del Piano di Carpine, más conocido como el Padre ​Juan, la misión de espiar a la corte del Gran Khan, bajo el pretexto de explorar las posibilidades de su cristianización. Con todo, el más famoso de los exploradores del siglo XIII fue el fabuloso Marco Polo, al que apodaban Il Milione, por su tendencia a añadir ceros a cualquier cifra. Tanto estos viajeros del siglo XIII, como los posteriores de los siglos XIV y XV se referían en sus relatos a las innúmeras riquezas del reino de oriente, el cuerno de la abundancia.

No hay que olvidar que en los textos bíblicos “El Señor plantó un jardín en Edén, en el Este”. En el imaginario colectivo occidental, Oriente siempre ha ejercido una inusitada fascinación. Cuando en el siglo XVI los viajeros occidentales ya no tienen que viajar por tierra y transportar piedras preciosas para su subsistencia, sino que llegan por mar, y no necesitan deslumbrarse ante el oro y las piedras preciosas, cambia la perspectiva, y transmiten otra imagen del Imperio chino. Es la Europa de los grandes descubrimientos y conquistas, quien se enfrenta a un continente ignoto. Serán posteriormente los jesuitas, hasta la abolición de la Compañía de Jesús en 1773, quienes vuelvan a transmitir una nueva imagen de China. Éstos, al relacionarse sólo con el Emperador, y con la clase culta, los llamados letrados o mandarines, pues su objetivo era la evangelización desde arriba, hablan de un imperio utópico, gobernado por los mandarines, los filósofos de la República platónica. El anhelo del intelectual occidental, en esa época representado por los jesuitas, de que alguna vez fuese posible un gobierno de filósofos, hacía ver sus anhelos realizados en el gobierno del Imperio Chino. ¿Pero era realmente la China de los mandarines, la utopía de la que hablaban los padres jesuitas?

Cuando Dawson hablaba de que el Dragón es un Camaleón, se refería precisamente a que China cambia, como todo, según con el cristal con que se la

mire. ¿Las increíbles cifras de crecimiento económico, las maravillosas historias de los nuevos ricos chinos, y toda la efervescencia sobre China, no son acaso el reverso de la moneda del propio desarrollo occidental, necesitado tanto de esa ingente mano de obra, como de una nueva reserva espiritual? El llamado bienestar occidental se ha conseguido a un precio altísimo. ¿Cuál es el precio del bienestar chino? Lo que es cierto es que nadie va a acudir a describirnos cómo es realmente el elefante.

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