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Sobre China y otras lindezas
Un chino en América post II

Xi y Trump se reencuentran en Washington. Peng Liyuan, Melania, la inteligencia artificial, las tierras raras y, cómo no, Taiwán.

Xi llega a una América que celebra sus 250 años de independencia y que, paradójicamente, se pregunta hasta qué punto puede ser independiente de China. De sus tierras raras, de sus fábricas, de sus baterías, de sus cadenas de suministro y hasta de sus estudiantes. Estados Unidos quiere desacoplarse, pero sin separarse demasiado. China quiere abrirse, pero cerrando bien la puerta al salir.

Extranjero legal

Sting cantaba aquello de ser un inglés en Nueva York, un “extranjero legal (legal alien)”. Xi será estos días algo parecido: un chino en América, rigurosamente legal, cuidadosamente vigilado y recibido con todos los honores.

Lo hará acompañado de Peng Liyuan, la célebre soprano y primera dama china, que recorrerá junto a Melania Trump el Museo Nacional de Arte Asiático. Mientras ellas contemplan siglos de intercambio cultural, sus maridos tendrán que evitar que unos pocos años de intercambio arancelario echen esos siglos por la borda.

Habrá bandas militares, banderas, salvas, una cena de Estado y hasta un sobrevuelo de bombarderos B-2 y cazas F-22. Una curiosa manera de dar la bienvenida, aunque nada expresa mejor la relación entre China y Estados Unidos: cortesía en el salón, potencia de fuego en el jardín.

La película

Si la visita de Trump a Pekín permitía imaginar una nueva versión de Un americano en París, esta segunda parte cambia de nuevo de localización y de protagonista, para titularse Un chino en América. No sabemos aún si será una comedia de enredo, un thriller, o un drama comercial, pero el reparto promete.

Sobre la mesa estarán la tregua arancelaria, las tierras raras, la inteligencia artificial y ese teléfono rojo para la era de los algoritmos que Washington parece querer construir. Antes, las superpotencias temían que un error humano provocara una guerra nuclear. Ahora temen que lo haga una máquina. No se sabe si hemos avanzado o retrocedido.

También aparecerá Taiwán, ese actor que nunca figura en los carteles oficiales, pero sin el cual no se entiende la trama. Pekín pedirá menos armas, menos visitas y menos palabras. Washington ofrecerá más armas, palabras, y quizás menos visitas. Trump sabe que Taiwán puede servirle como moneda de cambio. Xi sabe que hay monedas que no se cambian.

Los archivos

El último acto tendrá lugar en los Archivos Nacionales. Trump y Xi contemplarán documentos sobre la historia de las relaciones sino-americanas. Tal vez aparezca el Tratado de Wangxia de 1844, cuando una China debilitada aceptaba condiciones dictadas por Occidente. Para Pekín, toda visita internacional contiene también una excursión a la historia. Mucho han cambiado las cosas desde entonces.

Xi no viaja solamente para hablar de aranceles. Viaja para demostrar que China ya no comparece ante Estados Unidos, sino frente a Estados Unidos. Trump, por su parte, necesita probar que todavía puede cerrar el gran acuerdo que ningún otro presidente consiguió cerrar.

Ambos quieren tiempo. Trump, para llegar fuerte a las elecciones. Xi, para seguir fortaleciendo a China. Ambos quieren estabilidad, aunque cada uno preferiría que fuera el otro quien permaneciese quieto.

Al final habrá apretones de manos, comunicados cuidadosamente ambiguos y sonrisas suficientemente anchas para las fotografías. Se comentará, se dirá, que la visita ha sido histórica. Todas las visitas entre China y Estados Unidos lo son, especialmente cuando todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Gideon Rachman del Financial Times ha emitido un severo veredicto al respecto: «Pero, lamentablemente, ambos líderes comparten muchos de los mismos defectos: narcisismo, nacionalismo y visión limitada. El mundo necesita líderes con visión de futuro. Y eso no es lo que se nos ofrece».

Otros dicen que son los mejores actores para la película de nuestro tiempo. Veremos lo que da de sí este Un chino en América.

 

 

 

Chinese America post 2
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