Los panicans de Trump son legión. La guerra contra Irán no es más que un error de cálculo.
«Fue la cosa más estúpida que este país haya hecho jamás». El país era Estados Unidos, y quien lo dijo nada menos que Dan Kinball, el secretario de la marina americana, durante la administración Truman.
No se podía creer que en aras de la seguridad deportaran a China a Qian Xuesen, un prodigio formado en Caltech y MIT, al que tras la II Guerra Mundial, los americanos enviaron a Alemania para interrogar a científicos alemanes —entre ellos a Wernher von Braun, que más tarde sería el principal arquitecto del cohete Saturn V del programa Apolo de la NASA— y reclutarlos para el programa estadounidense de misiles. Dos años después, Qian obtuvo además el permiso de residencia permanente en Estados Unidos. Al deportarlo, América no solo perdió a uno de sus mejores científicos, sino que entregó a China a la mente que impulsaría su programa espacial y balístico. «No era más comunista que yo, y lo obligamos a irse.» —concluyó Kinball.

Fronteras
Las fronteras delimitan no sólo los límites geográficos y políticos de los países. También establecen límites de carácter abstracto o conceptual, esto es, establecen el punto hasta donde es razonable que algo llegue. La guerra contra Irán, aparte de violar el límite fronterizo, apunta a que está también violando el límite de lo conceptualmente razonable.
De momento, y sin entrar en la contabilización de víctimas mortales, la misión “Trump contra Irán” ha disparado los precios del petróleo, ha hecho saltar por los aires consensos y alianzas tradicionales, y —en lo más parecido a un tiro en su propio pie— ha debilitado su control político interno en un momento especialmente delicado.
Panicantes
Hace unos meses, el presidente Trump acuñó el neologismo panicans para referirse, de forma despectiva, a quienes reaccionan con alarma ante las turbulencias económicas o geopolíticas, a los que calificó como “débiles y estúpidos”.
Sin embargo, el deterioro de la situación en Oriente Próximo —marcado por el asesinato del dirigente iraní Ali Larijani y el riesgo de que facciones aún más radicales tomen el control en Teherán—reaviva precisamente ese nerviosismo que Trump denunciaba. En este contexto, sus promesas electorales, de evitar nuevas guerras y abaratar el coste de la vida de los americanos, se ven comprometidas, erosionando el apoyo político que lo llevó de vuelta al poder. Paradójicamente, con este nuevo conflicto bélico ha ampliado el alcance de su propio término, englobando bajo la etiqueta de panicans no solo a críticos coyunturales, sino también a todos aquellos preocupados por la estabilidad política global.
Y por si les faltaba algo a los panicantes, preocupados por la desestabilización tanto política y económica causada por esta guerra, no debemos olvidar el hecho de que Estados Unidos ha decidido también levantar temporalmente las sanciones sobre la venta de crudo y otros productos petrolíferos rusos, que ya estaban cargados en buques antes del 12 de marzo, permitiendo la entrada en el mercado de unos 100 millones de barriles de petróleo ruso, y dando así oxígeno a la maquinaria bélica del Kremlin en la guerra de Ucrania.
¿Será por China?
Como se sabe, China e Irán firmaron un Acuerdo de Cooperación Estratégica Integral a 25 años— el 27 de marzo de 2021. Incluía cooperación en defensa, pero de forma más bien general y no vinculante. Por otra parte, el clásico libro chino de las 36 estratagemas habla de golpear la hierba para asustar a la serpiente (打草惊蛇 dǎ cǎo jīng shé). ¿Pudiera ser que todo este conflicto se haya organizado simplemente para asustar y perjudicar a la serpiente china, porque importa un 15% de su petróleo a Irán, y poner en evidencia que es incapaz de proteger militarmente a un socio que América considera indeseable?
La respuesta parece que es más bien negativa. Deportar a Qian fue una estupidez, la guerra de Irak posiblemente otra, y la de Irán puede ser que también se sume a la lista, imponiéndose la idea de que todo ha sido un error de cálculo allende las fronteras.
Originalmente publicado en el periódico ecuatoriano El Comercio.